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14.08.2009
Gijón. Perera, en solitario con seis toros, corta el primer rabo en 22 años
Publicado en El Comercio
Miguel Ángel Perera tuvo una actuación de menos a más. En el sexto de la tarde llegó el desideratum. Desde que se abrió de capa, toreando de rodillas, se sucedieron las ovaciones. Instrumentó en esta postura faroles y verónicas y realizó, a continuación, un quite variadísimo en que ejecutó diversos lances. Había tenido el compañerismo de ofrecerles sendos quites a los sobresalientes (Alvarito de la Calle y Chapurra) destacando el primero de ellos.
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08.08.2009
El Puerto. Morante paga con sangre el toreo más barroco que pueda esculpirse en tarde triunfal de Manzanares
Publicado en ABC por Fernando Carrasco
Morante de la Puebla cayó herido en El Puerto cuando estaba cuajando una de las faenas más antológicas y barrocas del sevillano. Fue frente a un serio toro de María del Carmen Camacho, con dos pitones y trapío, mucho trapío, al que con el capote dejó detalles pero con el que soñó el toreo arrebatado y eterno. Despatarrado, entregado, fue cuajándole series diestras de un barroquismo excelso. Medidos los tiempos, tiraba de su enemigo, bajaba la mano, se recreaba en cada muletazo. Imposible torear más despacio, más lento, más sublime. La plaza ensimismada, pura locura mientras ofrecía una y otra vez el engaño y hacía que el astado se fundiese en cada muletazo. ¡Qué manera de torear, Dios mío! Se sucedían las series mientras le daba los tiempos precisos y la muleta seguía besando el albero a la par que los muletazos quedaban esculpidos uno tras otro. No se puede torear más lento, más barroco, más sentido.
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03.08.2009
2ª de la Peregrina en Pontevedra. Feliz aniversario de Espartaco, a hombros con Ponce
Pu Publicado en La Voz de Galicia
Tres orejas para cada uno y por la puerta grande. Espartaco y Enrique Ponce vivieron ayer otra jornada de comunión con el público pontevedrés. El primero, después de muchos años, regresaba para celebrar el 30 aniversario de su alternativa, y se fue agarrando un puñado de tierra del coso en el corazón. Y el segundo dio muestra de su arte, como suele ser costumbre en la ciudad del Lérez, y de su amistad con el veterano matador. Morante de la Puebla, que completaba la terna, defraudó al público que, si bien valoró que los astados de Alcurrucén que le tocaron fueron todo menos ejemplos de bravura, el diestro sevillano pareció dejarse arrastrar por la apatía hasta extremos irritantes.
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